"Que brille la luz que no tiene fin": esta noche, tristeza y sentido adiós al Gringo Vier, el gran lustrabotas de Tucumán

Una mañana del 20 de diciembre de 2017, sentado sobre su cajón de lustrar en la histórica entrada de Salvic Deportes devenida en una galería con empanadas y minutas al paso, Alberto Antonio Vier le contó su historia a eltucumano.
Panzón, bonachón, con el pulgar arriba, ya pelado y con canas plateándole la sien, el Gringo Vier dialogaba con el periodista Alfredo Aráoz sin quitarle la vista a los miles de zapatos que iban y venían por la vereda de San Martín al 400, una de las cuadras más importantes de Tucumán.
Marcada a fuego por aquel Maradona de neón que hacía jueguitos sobre su cabeza, el Gringo Vier le contaba a este diario que su historia con pomada y brillo al cuero había empezado a los 12 años: "Acá estoy desde que usaba pantalón corto. Acá he pasado mi niñez, mi juventud, y acá me voy haciendo viejo".
"Este cajón, así como usted lo ve, tiene 60 años. Es incalculable saber cuántos zapatos de Tucumán han pasado por aquí. Me lo hizo mi papá. Él era empleado de la universidad. Donde se coloca el pie iba enterrado un fierro macizo. Como era de bronce, se gastó con los años. Lo hicimos sopletear hasta que se rompió. Entonces un herrero conocido mío me dice: 'Alberto, le sacamos la parte gastada, yo le voy a poner una planchuela de máquinas agrícolas, vas a ver el resultado que va a dar'. Y así quedó: está intacto el cajón", relataba, emocionado, en la entrevista realizada hace nueve años.
Sobre esa planchuela con forma de zapato y tacón habían pasado pares de botas y zapatos de transeúntes anónimos desde la década del 60: "La gente que viste bien, siempre usa zapatos. Ahora la muchachada, la juventud, anda mucho con zapatillas, con sandalias, nada que ver con nosotros porque zapatillas no podemos lustrar salvo que sean zapatillas de cuero. Si son zapatillas de tela, tendrán que lavarlas en la casa", se reía El Gringo.
¿Por qué entre tantos lustrines, Vier fue Gardel? "Yo tengo mi propio estilo. El zapato, antes de lustrarlo, hay que cepillarlo, sacarle la tierra que tiene, el polvillo, ponerle la tinta y, si es que hace falta, dejar que se seque solo. Yo ya conozco: cuánto tarde en secarse depende si el cuero está más gastado o no. Luego se le pone cera, aunque casi ya no se consigue, y pomada. Si yo veo que puedo terminar un zapato ahí mismo lo hago y sino hago que el cliente suba el otro pie y sigo con el mismo sistema".
Inflación al margen, en 2017 la lustrada costaba 40 pesos y duraba unos 10 minutos: Alberto hacía unos 25 pares por mañana. "Tenemos días buenos, días malos, regulares. La mayoría son hombres, pero también hay mujeres. Hay una señora de canal 8 que siempre me trae las botitas para que les lustre. En general, las mujeres siempre están más apuradas. No se quedan tanto de pie como los hombres a los que les lustro. Ellas dejan los zapatos y las botas en una bolsa y después vienen a retirarlas", contaba.
Ya con achaques en la salud desde 2021 y profundizados en 2023, antes de colgar el cepillo de lustrar, El Gringo Vier hablaba de su eterna vecina, la incondicional Plaza Independencia que este domingo 2 de febrero también lo llora.
"La plaza Independencia siempre fue mi vecina. A pesar de que la limpian, está abandonada. Antes había un cuidador que no dejaba que se sienten en los respaldos de los bancos. El que toma helado, tira el helado; el que fuma, tira el cigarro. No se ensuciaba el banco de la plaza. Apagaba el cigarrillo con el zapato, lo levantaba y lo tiraba en el papelero. Antes había un respeto único y la gente vestía bien, humilde o no, pero siempre con zapato".
Y si de zapatos hablábamos con Alberto, los que no podían dejar de brillar eran los del propio lustrador. "Es el ejemplo mío que tengo que dar. Si yo voy a tener los zapatos sucios, la gente va a decir: 'Si éste no se lustra sus propios zapatos, ¿qué va a lustrar a otros?'. Eso es clave. Eso y respetar las paradas. A mí no me gustaría ir a meterme a la parada de otro colega, como otro colega no se metería en la mía. Antes éramos muchos lustradores: la mayoría estaban en los bancos, en la confitería Colón, en la farmacia Massini. Antes, más allá de la condición económica, se vestía mucho el zapato. Ahora ya no hay tantos lustradores, pero estoy yo, siempre en el mismo lugar. Como todos los días, hace casi 60 años", se despedía Alberto, bonachón, con la sonrisa franca, siempre en la San Martín.
Esta noche lluviosa y fresca de Tucumán, miles y miles de tucumanos lo recordarán y sabrán que alguna vez ese Gringo les dio brillo a sus pasos, les enseñó la forma de vestir los pies en el camino elegido: sea al trabajo, a la escuela o a una cita romántica. Alberto Antonio Vier le dio brillo a Tucumán con cera y pomada. Que hoy brille la luz que no tiene fin para él, para el Gringo, quien es despedido por su familia y seres queridos en Lavaisse 44, Villa Amalia. Que en paz descanse, Gringo. Que en paz descanse.

Fuente: /El Tucumano







